Recuerdo de Melosilla p.2

Kiuvo, hoy continuaré con la historia del campamento en melosilla, esta vez toca hablar sobre la segunda noche y cómo pasó de ser un simple campamento por uno más “interesante”.

NOCHE II

El amanecer del segundo día fue espectacular, ya la lluvia de la noche había acabado y se nos presentaban a lo menos 12 horas de actividades con un clima perfecto.

Recuerdo nos tocó armar el campamento como correspondía, eso quiere decir, realizando las construcciones. Habían unos troncos lo suficientemente largos como para cortar a conveniencia y armas nuestros rincones de patrulla, en dicha oportunidad sólo fuimos las patrullas Halcones, Panteras y Jaguares. Escogimos los lugares que mejor nos parecían, cortamos algunos palos que estaban allí para poder hacer nuestras construcciones y ya habiendo terminado se realizó la inspección para ver que la técnica de amarres haya sido bien aplicada, asegurándose que ninguno sea herido por un posible desarme de la estructura.

Una vez terminadas las construcciones, preparamos nuestra comida, almorzamos y descansamos lo suficiente como para comenzar con nuestras actividades. Si mal no recuerdo fueron algo así como unas olimpiadas, donde todos competíamos en actividades como: quien lanza más lejos un cerillo de fósforo, quienes se podían equilibrar más tiempo sobre un tronco, carrera de 50mts, etc.

Cayendo la noche, nos dirigimos a conseguir palos para armar nuestros fogones y llenar los bidones de agua para calentarla y cenar. En esos trayectos que hacíamos, debíamos pasar por un camino lleno de árboles que crujían -como si hoy en día no supiéramos que eso es normal, bah- y comenzamos a contar historias de los típicos mitos y leyendas chilenos, donde apareció la historia de “la llorona”, “el tetue” y “el trauco” como los más clásicos, situación que comprenderán que en la noche y con los sonidos que uno escuchaba, alentaban a que estas historias se volvieran más aterradoras. Pero bueno.

Ya con el estómago contento, nos preparamos para los tan esperados juegos nocturnos. Donde esta vez, habiendo pasado la lluvia, podíamos aplicar todas las técnicas de acecho aprendidas y así conseguir la ventaja que necesitábamos para alejarnos en el tablero de puntajes respecto a las otras patrullas.

Comenzamos jugando al Rayo Mortífero, actividad que consiste en conseguir tocar un objeto sin ser notado por quien lo protege, aplicando técnicas de sigilo, camuflaje, etc.

El lugar donde desarrollábamos la actividad era bastante amplio y nos permitía movernos libremente. Pero, sólo resumiré las dos situaciones que a mi me pusieron bastante nervioso, por no decir muerto de miedo, jaja.

En la primera ronda nos quedamos observando los movimientos del Jefe, que en ese momento se encontraba como “protector” del objeto a conseguir, así aprendíamos y pensábamos en estrategias que nos permitirían conseguir el objetivo. Recuerdo que mientras lo rodeábamos, pasamos bajo unos arbustos y llegamos tras un árbol, con otros Scouts miramos hacia los arbustos que ya habíamos pasado y vimos a otro Scout, que nos miraba pero no contestaba a nuestras señales o llamados a la acción que hacíamos. Unos momentos después otro compañero llega a los arbustos y le preguntamos si había visto al Scout que estuvo allí, él nos decía “de quién hablan” y quienes lo habíamos visto nos quedamos impresionados, lo cual duró poco puesto que estábamos más enfocados en conseguir el objetivo.

Terminada la ronda anterior, el nivel de dificultad aumentó y con ello nuestras técnicas debían ser pulidas en el momento (ensayo y error). En el espacio del juego existía una especie de “quebrada”, donde podíamos descender y rodear sin ser escuchados, allí decidí actuar por mi propia cuenta sin ser acompañado, puesto que sentía que al ir acompañado disminuía mis posibilidades de ganar la ronda del juego. Al bajar a la quebrada, rodee un poco el sector y encontré una especie de escalera de tierra que me permitiría volver a la superficie donde el juego se estaba desarrollando. Recuerdo en ese momento haber visto a un niño que se volteó cuando le dije que no se fuera por tal lugar, puesto que el jefe podría encontrarle. Acto seguido, ese niño se voltea a mirarme sin decir nada y vuelve su vista hacia el jefe. Yo un tanto molesto por no recibir respuesta, subí hacia donde él se encontraba y cuando le doy una palmada en la espalda para decirle “Oye, por qué no me respondiste” siento que mi mano terminó tocando al árbol, desapareciendo el niño y yo muerto de susto salté hacia la quebrada y corrí por mi vida.

Comprenderán que finalmente todos contamos parte de nuestra historia posterior al juego y muchos coincidimos en lo que vimos. Esa noche fue la segunda, pero aún, falta la tercera.

Con la próxima publicación terminaré esta historia e intentaré resumirla. Creo que en esta me excedí en cuanto al contenido pero la verdad es que mientras escribía y escribía iba recordando aquellos detalles que nunca recordaba al momento de contar la historia a mis cercanos.

Espero que les haya gustado esta segunda “noche”. Los invito a seguir éste blog y mis otras redes Facebook, Instagram y Youtube.

Un abrazo y Buena Caza.

Escrito por

Desde los 8 años conociendo lugares nuevos y en el 2004 comencé a aprender técnicas de campamento y practicándolas como Scout. Hoy en día, un apasionado vividor de la naturaleza, Jefe Scout y trabajador como muchos.

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